¿De dónde viene mi amor por la papelería?

MI AMOR POR LA PAPELERÍA ¿A TI TAMBIÉN TE PASA?

De pequeña yo era un poco especialita. Recuerdo muy bien que la pequeña papelería del pueblo era mi sitio favorito. Además, la dueña era amiga de mi madre, y siempre me hablaba bien de ella; por lo que sentía que era un lugar encantador. 

Pocos años después, se mudaron a un local más grande justo enfrente. Con grandes cristaleras que se veían desde lejos gracias a una iluminación poderosa. Había muchas estanterías hasta el techo y vitrinas nuevas; un gran mostrador en forma de medio hexágono,  y hasta había sitio para poner un gran árbol de Navidad y varios monigotes. 

La primera vez que entré al nuevo local fue de ¡wow! Todo olía a nuevo; a libros de texto, a tejido de mochilas y estuches, a papeles especiales, a tinta caliente en las fotocopiadoras…  Las posibilidades detrás de cada objeto eran demasiado para mis ojos. 

ESTRENAR PAPELERÍA ERA MEJOR QUE LA NAVIDAD

Estrenar papelería era mejor que la Navidad. Durante un tiempo, cada día me pasaba por allí a mirar y todo me gustaba. Me podía pasar tranquilamente una hora y sobretodo me miraba todos los modelos de agendas uno por uno, portadas e interior (tardaba bastante en decidirme cada año por la agenda, porque quería que fuera la perfecta para ese curso en concreto). 

El momento de encargar los libros de texto junto a mi madre era lo mejor del año, sobretodo cuando había stock y me podía llevar unos cuantos ese mismo día. Posteriormente me pasaba la tarde forrándolos con mi madre, y luego abriéndolos uno por uno con la nariz pegada “sssssssnif” (Ay, el olor a libro nuevo…)

Las libretas quería que fueran todas iguales pero de distinto color para cada materia (a ser posible del mismo tono que el dominante en la portada del libro correspondiente), así que me pasaba otro buen rato barajando las gamas cromáticas de cada marca, y me daba mucha rabia cuando tenía que repetir algún color, que era casi siempre porque no había 11 colores distintos de libreta.

Y por último miraba todas las opciones de carpetas, estuches, bolis, rotuladores, lápices de color y gomas de borrar. Las gomas de borrar las elegía en base a dos factores: 1) que borraran super bien sin dejar rastro y que la viruta no emborronara al pasar la mano; si, si, la viruta. 2) el olor -me iba a pasar el curso esnifando el olor de las gomas varias veces al día para calmarme, así que era importante-.   Y si te cuento que roía la arenita de las gomas de borrar bolis vas a pensar que estaba loca, ¿o tú también lo hacías?

Ya había dicho que era un poco especialita 🙂

Ahora que te he contado mis más tempranas anécdotas papeleras, me encantaría conocer las tuyas, así que no seas tímida y cuéntanos. Nos vamos a reír un rato entre todas.

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